¿Cómo definimos nuestro papel de investigación en las Ciencias Sociales?

¿Cómo definimos nuestro rol como investigadores en las ciencias sociales? ¿Cuáles son los desafíos de este rol cuando traspasamos el espacio académico tradicional?  ¿Es posible conjugar un rol político/de activismo social con la investigación? ¿Cuáles son las tensiones e interrogantes que aparecen? ¿Cuál es el tipo de relación/conocimiento que se construye en esa experiencia? ¿Cómo esta experiencias influyen en la construcción de nuestra  subjetividad académica? Estas fueron las preguntas que se plantearon el día viernes 18 de Noviembre de 2016, tres miembros de la Chilean Society en Londres, Ivette Hernandez, Tamara Rozas, Francisca Cancino, quiénes expusieron sobre sus experiencias en relación al movimiento estudiantil chileno, la Campaña Alto al SIMCE, y el Movimiento Pobladores en Lucha (MPL) respectivamente y nos invitan a reflexionar.

Las expositoras colaboran en estos movimientos desde su rol de investigadoras/activistas. ¿Cuál es el sentido de hacer investigación? ¿Por qué? ¿Para qué? Se podría responder de distintas maneras a estas preguntas. Por ejemplo, decir que me dedico a la investigación porque es algo en lo que “soy buena” o  “me siento cómoda haciendo” (fin práctico), porque es una opción de trabajo y fuente de dinero (fin financiero), porque es un trabajo que me da cierto prestigio o status (fin de capital simbólico), porque creo que puedo ser la voz de otro y de alguna manera “salvarlo” de este mundo (fin mesiánico), porque creo que “conocer” es un valor en sí mismo (fin científico puro), o porque puedo aportar a cambiar algo en la sociedad (fin político transformador). Pocas veces pensamos en esto, pero nos parece importante hacerlo en tanto esto, de manera consciente o inconscientemente, va determinando  nuestra práctica como investigadores.

Desde el trabajo con el movimiento estudiantil del 2011, Ivette reflexiona acerca de cómo responder a la pregunta de cómo se construye el rol académico-activista, implica reconocer que este no existe en una dimensión abstracta, sino que se constituye desde una dimensión socio-espacial.

Este reconocimiento desde lo espacial supone una especificidad y particularidad y por consiguiente la construcción de este rol es tanto consecuencia de así como también constitutiva de distintas geometrías de poder. Lo espacial desde el lugar no implica necesariamente situar este rol en una dimensión binaria dentro de – fuera de. Hay por lo tanto ciertas interrogantes cuando este rol es construido desde dentro de la misma academia. ¿Cómo se plantea la construcción de este rol después de las movilizaciones estudiantiles del 2011? Si bien hay un amplio reconocimiento de que el movimiento estudiantil representa un punto de inflexión, la cuestión sobre qué sujeto académico se construye en el Chile post-2011 es un debate abierto. Se podría analizar y articular a la ya existente tradición de metodologías participativas en América Latina. Sin embargo, muchas de estas metodologías se articulan desde una condición de subalternidad y en la práctica limitan o hacen imposible abordar la dimensión de los movimientos sociales como constructores de su propia intelectualidad. Sara Motta (2011) aborda esta dicotomía, a través del concepto de epistemologías prefigurativas. Estas epistemologías se abordan como una práctica emergente de una construcción del conocimiento como una relación horizontal de aprendizaje mutuo y en el que el nivel de abstracción teórico está basado en una dimensión de proximidad y en oposición a una distancia con respecto a las experiencias vividas. A partir de este practica colectiva de construcción de conocimiento, las epistemologías se construyen como una práctica prefigurativa de la vida diaria.

Desde la participación en la Campaña Alto al SIMCE, Tamara describe una experiencia que permite otras formas de aproximarse y relacionarse con la realidad, evidenciando la importancia de no quedarse enfrascado en los códigos de la academia tradicional. 

Ser parte de la Campaña Alto al SIMCE, primero, ha implicado encontrarse con un espacio  colectivo de reflexión en torno a un propósito común que no tiene que ver con un proyecto individual, lo que se ve con poca frecuencia en la academia. Segundo, encontrarse con un espacio de relación no jerárquica donde la relación, más allá de la organización y posición en la que uno trabaje, es entre pares, lo que permite formas de relación, diálogo y cooperación inusuales en la academia. Tercero, un encuentro con otros saberes y conocimientos, y experimentar que las herramientas que se tiene como investigador (usualmente de recopilación de información, sistematización y análisis) tienen una utilidad limitada y requieren de otros saberes para impactar la realidad. Cuarto, tomar consciencia de que aquella realidad que está más allá del trabajo de escritorio, los libros, y el “trabajo de campo”  tiene otros ritmos bastante más vertiginoso e impredecibles que los proyectos de investigación, y por tanto la posibilidad de impactar en allá sobrepasa con creces los códigos y estrategia académica. Quinto, el tener otra lectura de la realidad más allá de la experiencia personal privada y aquella desde la posición de investigador, permite un sano ejercicio de “triangulación” de la realidad que favorece la comprensión analítica de la realidad desde la posición de sujeto investigador y social en el amplio sentido. Junto con estos aprendizajes aparecen miradas recelosas y de cuestionamiento por parte de los pares investigadores y aquellos en una mayor posición de poder, respecto a participar de este tipo de movimientos, que se podrían resumir en la siguiente pregunta: “Pero tú.. ¿qué eres en realidad? ¿investigadora o activista?, ´tienes que definirte´”. Esto nos devela lo disociado que se perciben el ejercicio investigativo y la acción en los espacios que están más allá de los códigos académicos.

Desde la experiencia con el Movimiento de pobladores en Lucha, Francisca relata una manera de vincular el ejercicio académico con la creación de herramientas que den cara a los conflictos territoriales.

Mi poca complacencia hacia el dolor ajeno y la historia de lucha de los pueblos por la vivienda digna, llevó a plantearme una metodología de investigación que abriera caminos hacia la acción sobre la esfera concreta, incidir en la realidad social existente – aunque esto pudiese implicar involucrarse en terrenos subjetivos. En este sentido, mi aproximación desde la academia y mi participación como voluntaria en el equipo técnico del Movimiento de Pobladoras y Pobladores en Lucha MPL estuvo basada en el desarrollo de 4 fases. Estas son: (1) el reconocimiento de un estado de crisis – toma de la rivera del Mapocho por parte de la Federación Nacional de Pobladores FENAPO; (2) la historicidad del conflicto – sobre el déficit histórico de viviendas en Chile y el orden jurídico que lo ha permitido; (3) la negatividad generada como respuesta a lo real – el ideal de vivienda digna y el Derecho Universal a la Vivienda desde quienes están en situación de vulnerabilidad, a su vez, lo que se entiende por esto en la academia, en las instituciones gubernamentales con agencia en el tema y desde el parlamento; finalmente, (4) un producto con forma de investigación y de diseño arquitectónico como devenir. Esto quiere decir, a partir de una crítica a la situación real, investigar lo que no existe (anhelos, sueños, deseos) para traerlo a lo concreto, como herramienta performativa que, aunque generadora de nuevas subjetividades, permite dar un paso adelante para la transformación de lo existente.

Para cerrar, nos gustaría dejar planteadas algunas preguntas que invitamos a la comunidad UCLU Chilean Society a reflexionar. Para ser un “buen investigador”,  ¿Necesitamos la separación entre nuestro “rol académico” y el que ocupamos en otros espacios de la sociedad? ¿Es un principio al cual deberíamos aspirar? ¿Es posible construir pensamiento crítico desde una posición puramente académica?, ¿cuáles son los sesgos de esto?

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Debate de contingencia nacional #Niunamenos

El pasado martes 18 de Octubre 2016 se convocó a una marcha masiva en las principales ciudades de Chile en contra del femicidio, promovido por el lema “Ni una menos” generado el año pasado en Argentina, lugar donde surgió este movimiento autodefinido como un grupo colectivo contra la violencia machista en respuesta al aumento de números de femicidios ocurridos en ese país. La marcha tuvo tal alcance que se sumaron varios países vecinos como fueron Bolivia, Perú, Uruguay, Paraguay y el Salvador.

Producto al alcance de esta marcha, decidimos en la UCLU Chilean Society organizar un debate para discutir este fenómeno social como parte de la contingencia nacional. El debate se llevó a cabo el viernes 28 de Octubre en el Institute of Education of UCL.

En el debate participaron como panelistas: Felipe Acuña, Antropólogo y estudiante de doctorado de IOE; Jocelyn Morales, Socióloga y estudiante de doctorado de IOE; Valentina Zegers, Psicóloga y estudiante del Magister en Psicología Educacional en IOE y Bárbara Sepúlveda Abogada, estudiante de Magister en LSE y miembro del Observatorio Contra el Acoso Callejero.

El enfoque de este debate fue analizar desde distintas perspectivas disciplinarias lo que significa hoy esta masiva convocatoria del grupo #niunamenos.

La primera presentación fue realizada por Jocelyn Morales, desde la sociología. Ella organizó su presentación en tres bloques. En primer lugar, presentó un encuadre teórico basado en la sociología de la cultura y el interaccionismo simbólico donde situó el concepto de representaciones sociales como elemento clave para comprender este fenómeno social. En segundo lugar, analizó el cómo construimos los conceptos de masculinidad y femineidad hoy en nuestras sociedades, y finalmente analizó las razones que podrían explicar el auge de este movimiento y el nivel de masificación y adhesión alcanzado.

Jocelyn señaló que una herramienta interesante de análisis para este tipo de fenómenos es el concepto de representación social puesto que nos permite comprender cuáles son los imaginarios colectivos que sustenta nuestra realidad social: “desde el interaccionismo simbólico es posible comprender las prácticas sociales como construcciones colectivas consensuadas sustentadas por las representaciones sociales que comparte un determinado grupo. En este sentido, toda practica social es posible de ser cuestionada, problematizada y modificable”.

En relación a cómo construimos las nociones de masculinidad y femineidad, Jocelyn señaló que “históricamente hemos asumido que los roles de lo que significa ser hombre o ser mujer han sido establecidos por décadas y por lo tanto, se han normalizado”. Sin embargo, al mirarlos desde la óptica del interaccionismo simbólico es posible señalar que también son construcciones sociales que se han sustentado en la práctica no cuestionada donde asociamos al hombre o lo masculino basado en la dominación y la fuerza y a la mujer o lo femenino como aquello asociado a la sensibilidad y la debilidad. Aspectos que hoy en día están en cuestionamiento.

La problemática del femicidio, es “un tema generalizado y transversal puesto que, es serio y extremo, implica literalmente un tema de vida o muerte”, explica Jocelyn. En ese sentido, logra una convocatoria muy masiva y reúne personas muy distintas entre sí. Por otro lado, otro tema que aparece de manera tangencial es el “selfie compromiso” concepto acuñado por la socióloga argentina María Paz López. Que refiere a un compromiso light sin conciencia de la ideología que pudiese estar detrás y que conecta a muchas personas solo por el hecho de “estar” en la contingencia.

La segunda presentación fue realizada desde la antropología social en donde Felipe Acuña argumentó que una primera paradoja que pone de manifiesto el movimiento niunamenos tiene que ver con los canales de participación política de la ciudadanía. Mientras en las elecciones municipales en Chile del domingo 16 de Octubre se da una abstención histórica (34,9%) en las calles del país la ciudadanía se manifiesta por el problema de femicidio.

Luego desarrolla tres ideas. Primero, que el movimiento feminista es uno de los tantos temas generadores del Chile contemporáneo, esto es, un tema que encierra contradicciones y antagonismos sociales que, por lo mismo, produce movimiento y crítica en la sociedad. Lo segundo es que es un movimiento es uno fundamentalmente coyuntural y con pequeños atisbos de organicidad. Esto significa que es un movimiento articulado en torno a una demanda negativa (no al femicidio) y pasiva (luego de la marcha, los individuos siguen con sus funciones). Ahora bien, esto no significa que no haya elementos orgánicos en el movimiento, esto es, organizaciones que estén construyendo una crítica histórico-social que afectan el sentido común de las personas, generando movilizaciones que aumentan la fuerza social del proyecto que estas organizaciones defienden. Sin estas organizaciones, la marcha no hubiera congregado con la rapidez y volumen que lo hizo. Sin embargo, la organicidad del movimiento niunamenos es algo aún menor. Finalmente, es importante avanzar en la construcción de lo que Marge Piercy llama la utopía feminista, esto es, imaginarios posibles que tienen más que ver con considerar opciones para el presente que en predecir el futuro. Se mencionan algunos ejemplos de estas utopías feministas.

En tercer lugar, Valentina Zegers, desde la aproximación psicológica presento su visión de la temática enfocándose en un área más micro, en la que ahondó en las características que comúnmente se observan en las relaciones amorosas donde hay violencia, debido a que la mayoría de los femicidios son cometidos por parejas o exparejas. La principal característica que destaca Valentina, es que en estas relaciones, el agresor tiene una posición de poder sobre la víctima. Este poder es ejercido a través de las distintas formas de violencia (física, sexual, verbal, psicológica, económica, entre otras) como mecanismo de control sobre la otra persona. De esta forma, la violencia es una conducta que se aprende y es funcional, por lo que continúa en el tiempo (por ejemplo la víctima piensa que es la culpable de una determinada situación y se somete para evitar la agresión, perpetuando el circuito de violencia). Comúnmente se observa que la víctima depende económicamente del agresor, se aísla de sus redes de apoyo y su autoestima disminuye (sumado a un descuido por su apariencia personal) por lo que no cuenta con los medios para salir de esta situación. Así mismo, la violencia esta aceptada y normalizada como forma de relacionarse, por lo que las víctimas niegan el daño, lo minimizan e incluso lo justifican. Cabe destacar que esta dinámica ocurre tanto en parejas heterosexuales como homosexuales y que no todas las mujeres son víctimas, ni todos los hombre están predispuestos a ser agresores.

En muchas ocasiones – cuando estas relaciones logran romperse – las víctimas vuelven con sus antiguas parejas o se emparejan con nuevos agresores, ya que buscan un modelo que refuerce las conductas aprendidas anteriormente. Según cifras del SERNAM en Chile, en promedio una víctima se demora 7 años en hacer la denuncia y un 41% desiste por miedo o porque cree que la otra persona cambiará. Por otra parte, si bien en Chile existen instituciones públicas que prestan apoyo a las víctimas, éstas son insuficientes y se encuentran saturadas, por lo que los tiempos de acción son lentos. Finalmente al preguntarse ¿por qué el movimiento niunamenos ha tomado tanta fuerza?, Valentina refiere “porque la sociedad está cansada de que ciertas personas ocupen su posición de poder para sacar provecho de otras (lo mismo sucede con el movimiento no más AFP, el gran rechazo hacia los casos de corrupción, entre otros) y porque es una problemática que es transversal a toda edad, género y nivel socioeconómico.” Finalmente enfatiza que el gran aporte que trae este movimiento es “visibilizar la violencia al interior de las relaciones y desnormalizar estas conductas”.

Finalmente, fue el turno de la representante del Observatorio contra el acoso callejero, Bárbara Sepúlveda, quien dio a conocer su opinión y punto de vista desde el Observatorio.

Luego de las intervenciones de los panelistas, se dio espacio para discutir en mayor profundidad algunos puntos esbozados durante el debate y preguntas. Participaron un total de 16 personas.